Ambivertido: ni extrovertido, ni introvertido.

Ambivertido: ni extrovertido, ni introvertido.

 

Dicen los expertos que dos tercios de la población es ambivertida. Y la mayoría ni siquiera lo saben. Ni siquiera conocen el término, de hecho, así que vamos a empezar por definirlo. Una persona ambivertida es aquella que se encuentra a medio camino entre ser introvertida y ser extrovertida.

Todos tenemos perfectamente claro qué define a los introvertidos y a los extrovertidos. Todos tenemos cerca a alguien especialmente tímido o extremadamente sociable. Es fácil prever sus reacciones a una u otra situación. Sabemos que, si presentamos a nuestro amigo más introvertido a un grupo numeroso de personas, tenderá a retraerse y tendremos que darle un empujoncito para que se integre. En el extremo opuesto, estaría ese amigo que se hace con la gente al instante, que roba el protagonismo a todos y que se relaciona con una facilidad que incluso a los no introvertidos nos parece fascinante.

¿Cómo reaccionaría un ambivertido a esa o cualquier otra situación social? Pues nadie lo sabe. El misterio de la personalidad ambivertida es precisamente ese: la impredecibilidad de las reacciones.


Los ambivertidos adaptan sus reacciones, consciente o inconscientemente, al entorno, la necesidad o su propio estado de ánimo.

Los psicólogos dicen que no, que sus personalidades son más equilibradas y flexibles, y que la ambiversión es una suerte de bilingüisimo emocional que permite adaptarse mejor a las circunstancias.

La ambiversión está llena de ventajas, no solo en la vida profesional, sino también en la laboral. A nadie se le escapan las virtudes de ser asertivo, adaptarse a las circunstancias de cada situación o ser capaz de ser productivo en soledad y en equipo.

 

Fuente y texto completo: Abc.es – trendencias.com

Foto: pexels