Para los que imaginamos, como Borges, que el paraíso debe ser algún tipo de biblioteca.

La palabra viene de los términos de la jerga casual japonesa: tsunde-oku, que quiere decir «apilar cosas para luego y marcharse», y dokusho, que significa leer libros. La conjunción de ambos resulta en tsundoku.

Y es que, para muchos, estar rodeados de libros aporta una sensación placentera y reconfortante, da la tranquilidad de tener más conocimientos y entretenimientos a mano. Y quizás, comprar libros sin fin no sea otra cosa que seguir buscándose a sí mismo en cada uno de ellos. En el caso de los que sufren tsundoku, lo curioso es que el coleccionista/lector en realidad no desea dejar su vicio; es más, se gasta una fortuna que va in crescendo en libros y suele atiborrar de arriba a abajo cualquier espacio disponible en sus estanterías, acudiendo a apilar volúmenes en el suelo si es necesario. Dado que ninguna palabra en español se refiere a este hábito de comprar libros compulsivamente para terminar dejándolos apilados sin leer, aceptaremos tsundoku –o sundoku– como libro de compañía.

 

Fuente original: www.abc.es

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