Están construyendo otra muralla China, pero esta vez para detener el avance del desierto

Están construyendo otra muralla China, pero esta vez para detener el avance del desierto

El clima está cambiando. La naturaleza se adapta, y en la medida que las ciudades continúan abriéndose paso a costa de la naturaleza cortando bosques para sembrar alimentos, construir edificios, criar al ganado y más, aparecen las consecuencias. Un claro ejemplo de esto es lo que ocurre en China, donde sólo un 2% de sus bosques permanecen intactos. Las altas tasas de deforestación en el país no sólo han contribuido a una mayor acumulación de smog en el aire, sino que están permitiendo que la desertificación se expanda rápidamente.

Cada año se pierden alrededor de 3.600 km2 de tierras arables en China, todo debido al avance del desierto de Gobi que sigue su curso hacia el sur y que, mientras más se expande –en gran parte a causa de la deforestación de la zona– la situación se va haciendo cada vez más difícil. Tormentas de arena y polvo invaden las ciudades altamente pobladas del país asiático, como Beijing, y los altos niveles de contaminación amenazan a diario la salud de los habitantes. Pero esto no es un problema actual, en realidad comenzó hace algunas décadas en los años 70, cuando el gobierno chino decidió implementar un ambicioso plan: la Gran Muralla Verde.

En 1978 se comenzó a construir una gigantesca muralla de árboles que ayudaría a impedir el avance de la desertificación, pero se estima que recién para 2050 este proyecto estará terminado. Con un total de100 mil millones de árboles plantados a lo largo de 4,500 km –y que ocuparán un total de 4.1 millones de km2 o el 10% del territorio del país– se espera que esta barrera natural permita transformar aquellas áreas que hoy son demasiado áridas para habitar en ellas o cultivar alimentos, en zonas fértiles y habitables. Una de las primeras medidas que tomó el gobierno para asegurar la construcción de la muralla verde fueaprobar una ley en 1981 en la que se estipulaba que todo ciudadano mayor a 11 años debía plantar entre 3 y 5 árboles cada año, pero en 2003 el país decidió hacer de este proyecto una responsabilidad del gobierno.

 El gobierno puso en marcha un plan de siembra aérea para cubrir amplias extensiones de tierra donde el suelo era menos árido y le pagó a granjeros para que plantaran árboles y arbustos en aquellas áreas que requerían de una mayor atención. Para 2006, 25 millones de hectáreas de bosque ya estaban creciendo y para 2007 la Administración de Bosques de China informó que “más del 20% de las tierras afectadas por la desertificación en el proyecto han sido aprovechadas y se ha puesto bajo control el 40% de las áreas que solían sufrir de erosión del suelo en el pasado”.
Hoy las buenas noticias parecieran continuar, ya que un nuevo estudio liderado por Minghong Tan de la Chinese Academy of Sciences ha señalado que las medidas están funcionando y que seguirán haciéndolo, e incluso se ha demostrado que los árboles de la muralla están contribuyendo a una mejora en el aire. Sólo falta esperar 35 años más para ver si logran cumplir la meta y ver si efectivamente ocurre lo que todos esperaban con este mega-proyecto: detener el avance del desierto.
Fuente: Upscol-Verde.